Muestrarios para cerámica: cómo organizar muchas referencias en un solo soporte

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Cualquiera que haya visitado una feria del sector cerámico o del azulejo conoce la sensación: decenas, a veces cientos, de modelos, acabados, formatos y colores distintos, todos compitiendo por la atención del cliente al mismo tiempo. La pregunta que se plantea toda empresa fabricante o distribuidora es: «¿cómo consigo que, con tanto que mostrar, el cliente entienda algo?».

Ahí es donde entran en juego los muestrarios, folders y paneles expositores. 

 

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Pensar primero en cómo se va a usar

Antes de diseñar cualquier soporte, conviene responder: quién lo va a usar y en qué contexto. 

No es lo mismo un muestrario que un comercial llevará bajo el brazo en visitas a clientes, donde el peso, el tamaño y la resistencia al transporte son determinantes, que un panel expositor pensado para quedarse fijo en un showroom, donde prima el impacto visual y la comodidad de consulta prolongada. Tampoco es igual un folder pensado para presentar dos o tres colecciones muy concretas que uno diseñado para servir de catálogo completo de la marca.

Estas decisiones; tamaño, formato, tipo de encuadernación o soporte, sistema de sujeción de las muestras, no son un detalle técnico posterior. Son parte del diseño y condicionan directamente si el material cumplirá su función con el tiempo.

El problema no es la cantidad, es el orden

Es tentador pensar que un buen muestrario es aquel que consigue meter el máximo número de referencias posible. Cuantas más muestras quepan, más completo parece el catálogo. 

Pero nuestra experiencia nos dice lo contrario: cuando todas las piezas tienen el mismo peso visual y no existe ningún criterio que las agrupe, el resultado es confuso. El cliente no compara, se pierde.

Un muestrario bien planteado no reduce la cantidad de información, la estructura. Agrupa por colecciones, por acabados, por formatos o por aplicaciones, y establece una jerarquía clara: qué debe verse primero, qué datos técnicos acompañan a cada pieza y qué elementos pueden quedar en un segundo plano sin restar valor al conjunto.

 

 

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El uso diario decide si el proyecto funciona

Un muestrario puede salir de producción con un acabado impecable y, aun así, fracasar en su función si a los pocos meses de uso se ha deteriorado, pesa demasiado para transportarlo con comodidad o dificulta encontrar una referencia concreta cuando el cliente la pide.

Por eso conviene tener en cuenta, desde el principio del proyecto, cuestiones como:

  • Quién manejará el soporte y con qué frecuencia.
  • Dónde se guardará y en qué condiciones.
  • Si las referencias del catálogo cambiarán con el tiempo y el soporte necesita permitir actualizaciones parciales sin rehacer todo el material.
  • Qué nivel de manipulación tendrá que soportar sin deteriorarse.

Un buen diseño estético que no resiste el uso real deja de cumplir su propósito. La solución tiene que ser atractiva y práctica a la vez.

 

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Organizar es, en el fondo, comunicar

Detrás de cada muestrario bien resuelto hay una decisión de comunicación: qué se quiere que el cliente vea primero, qué comparaciones se le quiere facilitar y qué historia cuenta el conjunto sobre la marca. No se trata de enseñar menos, sino de darle sentido a lo que se enseña.

En Promopublic desarrollamos este tipo de soluciones adaptándonos a las necesidades de cada empresa y a la forma en la que sus productos deben ser presentados. Porque cuando hay mucho que enseñar, el verdadero reto no es encontrar espacio para colocarlo todo. El reto es conseguir que, al verlo, todo tenga sentido.